Boris Gómez
ESPECIAL PARA LA PRENSA
nacionales@prensa.com

DAVID, Chiriquí. A cinco kilómetros de la comunidad de Volcán, llegando por la carretera a Caizán, se encuentra un sitio que revela a cielo abierto los secretos de una cultura que desapareció misteriosamente, pero que dejó muestras palpables de su presencia en el istmo.

Estos místicos habitantes vivieron en esa región del año 300 al 600 después de Cristo. A esa cultura se le denomina Sitio Barriles.

Fue descubierta en 1947 cuando Pedro Corella, junto a su esposa Elisa Serracín de Corella, encontraron una roca tallada en forma cilíndrica. Por su singular parecido con un barril, la denominaron con ese nombre.

En este jardín temático hay mapas grabados en piedra, artículos de orfebrería semi enterrados, un museo de huacas y hasta se puede observar el fenómeno de una corriente de agua que brota de la tierra e inicia su curso hacia la vertiente atlántica. Extraño. En Chiriquí todas las aguas desembocan en el Océano Pacífico.

El sitio se ha dado a conocer en internet por la Universidad Autónoma de Chiriquí y chitre.net promocionándolo como uno de los centros arquológicos más importantes de Panamá.

Los custodios

Edna de Landau, y su esposo José Luis son dueños de la finca de 60 hectáreas en que se han encontrado los restos arqueológicos. Ambos mantienen un convenio con el INAC como custodios de los objetos arqueológicos.

En 2001 un convenio en el que participó la UNACHI trajo a arqueólogos de la Universidad Libre de Berlín quienes hicieron algunas excavaciones en el sitio.

José Luis Landau señaló que esa investigación sirvió para señalar la posible causa de la desaparición de la cultura de Barriles: una crisis provocada por movimientos sísmicos los obligó a emigrar.

"Se ha descubierto que hay manifestaciones en la cultura maya e incaica que tienen similitud con los objetos de orfebrería que se han encontrado en Sitio Barriles por lo que creemos que no perecieron súbitamente sino que se mezclaron con otras razas", señaló Landau.

Otro dato curioso: la existencia de una piedra singular que fue grabada mediante una técnica que permite ver una ruta solo cuando la piedra se moja nos deja profundas interrogantes, explica el propietario.

LOS PUNTOS PRINCIPALES

  • UBICACIÓN: En la provincia de Chiriquí. A solo seis kilómetros de Volcán.
  • PIEZAS: Mapas grabados en piedra, artículos de orfebrería semienterrados y un museo de huacas.
  • CUSTODIOS: La familia Landau–Haux. Pactó un convenio con el INAC. Es dueña de la finca de 60 hectáreas en que se han encontrado los restos arqueológicos.

Tuve la ocasión de visitar este mágico paraje y la verdad es que además de servir como un escape a los problemas y a la vorágine de la vida moderna, también sirve para recordarnos que hubo otros tiempos, otras costumbres, otras civilizaciones y que lo que actualmente somos se debe en gran medida a todo lo sucedido en el pasado.
Muchas veces nos olvidamos de eso y como consecuencia, nos olvidamos indirectamente de nuestro futuro.

Yohel

 

(download)
Fotos(c)2011 Yohel Amat